El diario espiritual: la práctica de “recoger” el discenimiento

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El diario espiritual: la práctica para "recoger" el discernimiento

Fuente: Revista Magis

Edición: 517

Foto: Dominio público.

En el diario espiritual anotamos lo que percibimos que Dios nos comunicó en la oración o a lo largo del día. Nuestras entradas pueden incluir también elementos del contexto en el que nos encontramos cada día y que sean útiles para ubicarnos después en las situaciones que estábamos viviendo

En la tradición ignaciana se sugiere llevar un diario espiritual, donde registramos de manera breve y clara lo que consideramos más importante del paso de Dios por nuestras vidas. Se recomienda que los registros en el diario espiritual sean cotidianos. Es importante que sean breves, tal vez tres o cuatro renglones para anotar lo que nos parece más importante a ser tomado en cuenta al “recoger” nuestro discernimiento cada cierto tiempo.

El diario espiritual se alimenta básicamente del Examen de la Oración y el Examen de Conciencia. Es decir, en él anotamos los frutos de nuestros exámenes, lo que percibimos que Dios nos comunicó en la oración o a lo largo del día. Nuestras entradas al diario pueden incluir también elementos del contexto en el que nos encontramos cada día y que nos sean útiles para ubicarnos después en las situaciones que estábamos viviendo.

Para iniciar esta práctica, te recomiendo que te consigas un cuaderno que te guste y refleje quién eres. Trátalo con cariño y reverencia. Contiene la historia de amor entre Dios y tú.

San Ignacio llevaba un diario espiritual. Providencialmente, nos queda su autógrafo que abarca 12 meses largos de la vida del santo (del 2 de febrero de 1544 al 27 de febrero de 1545). En esa época, Ignacio estaba discerniendo un elemento importante de las Constituciones de la Compañía de Jesús: si los templos encomendados a ella debían tener renta (propiedades que los sostuvieran) o mantenerse sólo de las limosnas. Por eso, cuando dice que se siente inclinado a “nada” o a “no nada”, se refiere a que percibe que Dios le indica que su voluntad es que los templos confiados a la Compañía no tengan rentas para sostenerse, sino que vivan confiando en la Providencia de Dios expresada a través de las limosnas que se recibieran para su manutención. A continuación, incluyo algunos ejemplos de la manera como san Ignacio realizaba sus registros diariamente:

[1] † Nuestra Señora. 1º. Sábado [2 de febr.]. Abundancia de devoción en la misa, con lágrimas, con crecida fiducia en nuestra Señora, y más a no nada entonces y todo el día.
[2] 2º. Domingo [3 de febr.]. Lo mismo, y más a no nada entonces y todo el día. 
[3] Nuestra Señora.  3º. Lunes [4 de febr.]. Lo mismo, y con otros sentimientos y más a no nada todo el día, y a la noche un allegarme mucho en afecto a nuestra Señora con mucha confianza.
[4] Nuestra Señora. 4º. Martes [5 de febr.]. Antes de la misa, en ella, y después de ella, con mucha abundancia de devoción, lágrimas interiores y exteriores y dolor de ojos por tantas, y ver a la Madre y al Hijo propicios para interpelar al Padre, estando y moviendo más a no nada, entonces y todo el día; y a la tarde, como sentir o ver a nuestra Señora propicia para interpelar.
[5] Nuestra Señora. 5º. Miércoles [6 de febr.]. Antes de la misa y en ella, con devoción y no sin lágrimas, y más a no nada; después parecerme, en asaz claridad o mutación de lo sólito, ser confusión el tener en parte, el tener todo un escándalo, y un ayudar para deprimir la pobreza que Dios nuestro Señor tanto alaba.

Cuando escribe “Nuestra Señora”, quiere decir que ese día celebró la misa devocional a la Virgen María, a quien le estaba pidiendo le sirviera de intercesora para tener claridad de qué era lo que Dios le estaba pidiendo. Podemos observar cómo, con el paso de los días, se va sintiendo más confirmado en la que sería su decisión final: que las iglesias de los jesuitas no tuvieran rentas.

Este pequeño ejemplo de cómo Ignacio le daba seguimiento a su comunicación con Dios nos permite ver la importancia de registrar las luces, mociones y experiencias que Dios nos regala en la oración (ver más sobre el Examen de la Oración en nuestro artículo “Los exámenes en la espiritualidad ignaciana”, en revista Magis 495, septiembre–octubre de 2023) o que nos comunicó a lo largo del día (ver sobre el Examen de Conciencia, en el mismo artículo).

Es importante incorporar a nuestro camino espiritual la práctica de realizar un retiro mensual para “recoger el discernimiento”. Puede ser de una mañana o, si es viable, es muy fructífero hacerlo de un día completo. Todo depende de nuestra disponibilidad de tiempo.

En la literatura de espiritualidad este retiro también se conoce como “desierto mensual”. Buscamos para él un ambiente tranquilo, ya sea en casa o en algún lugar idóneo donde sepamos que no seremos distraídos por otras actividades (por ejemplo, en un parque, en una iglesia, en una casa de ejercicios, etcétera).

Iniciamos nuestro retiro ubicándonos conscientemente en la presencia de Dios. Un tiempo de oración de silencio nos puede ayudar. Después realizamos una lectura pausada y orante de nuestro diario espiritual, subrayando los elementos que nos parecen más importantes y terminamos haciendo un resumen de lo vivido durante el último mes. Para este resumen, les comparto un esquema básico para “recoger el discernimiento”:

Describo la tónica en que he vivido (ya sea de consolación, desolación o tiempo tranquilo).

Después registro las principales comunicaciones que capto que he recibido de Dios. Ayuda agruparlas por tipo de comunicación (luces, mociones o experiencias) y por la temática (si son sobre Dios, sobre mí, sobre mi vocación/misión, o de otra temática):
I. Luces
I.1. Sobre Dios
I.2. Sobre mí
I.3. Otras

II. Mociones
II.1. Consolatorias:
II.1.1. Mi vida
II.1.2. Mi misión
II.1.3. Otras
II.2. Desolatorias

III. Experiencias

IV. Hago una lista de los principales pensamientos que me han ocupado/preocupado en el último mes, para compartirlos con mi acompañante espiritual en nuestra próxima entrevista.

V. Resumen de las “Palabras de Vida” (recomendaciones) que me compartió en nuestra última entrevista mi acompañante espiritual, dando cuenta de si le hice caso o no, y por qué.

Recoger el discernimiento nos ayuda a preparar nuestra sesión de acompañamiento espiritual, de manera que tengamos un resumen bien orado y sintetizado, que nos permita aprovechar el tiempo de nuestra entrevista. De hecho, ayuda hacérselo llegar a nuestro acompañante antes de nuestro encuentro para que lo pueda leer y orar.

Esta práctica también nos ayuda a preparar nuestra reconciliación sacramental. En este caso, y teniendo fresca nuestra mirada orante al último mes vivido, me hago la pregunta propia de nuestra preparación para una buena reconciliación sacramental: “Viendo desde tu mirada mi vida, Señor, ¿de qué me quieres sanar/perdonar?”.

En resumen, necesitamos tiempos para “recoger” nuestro discernimiento, es decir, tomar conciencia del paso de Dios por nuestra vida y de las invitaciones concretas que nos hace. Esto lo practicamos diariamente a través de los exámenes de oración y de conciencia; mensualmente, con un retiro donde resumimos lo vivido durante ese mes (revisando nuestro diario), y una vez al año en los Ejercicios Espirituales, revisando lo que hemos resumido en los retiros mensuales. Con estas prácticas tratamos de discernir el hilo conductor del proyecto de vida al que nos invita el Señor. 

Lee el artículo en la Revista Magis

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